CONTRACORRIENTE
Se necesitan, urgentemente,
decisiones en Occidente.
No hay más margen para excusas: la
próxima generación no va a disponer de opción válida para permitirse
contemplaciones ante su inevitable batacazo cultural, en progreso; económico,
casi consumado y de la cada vez más pisada y menos influyente presencia ética,
moral y religiosa.
La
contemplación del escenario de la Historia, el real, no parece interesar a una
buena parte de los nuevos imperiales, sumidos en una delirante deriva hacia lo
intangible, al modo financiero más zafio, el que sólo mira la cara de la
moneda, cada vez más virtual y especulativa, sin considerar la cruz y, sobre
todo, la de ningún modo obviable consecuencia de la pérdida de identidad del
Renacimiento.
Si Occidente
declina de su liderazgo cultural, de su mecenazgo artístico y de su fuerza,
tanto en lo creativo como en lo ético, nos veremos abocados a la lucha sin
cuartel , de nuevo, contra las turbas dirigidas por los habituales
sin-escrúpulos de siempre; esos que destrozan cualquier cosa que signifique dignidad
humana, libertad y desarrollo.
Al tirano,
cualquiera de ellos, le conviene más la obediencia que la crítica (a la que no
sabe contestar si no es con violencia en sus múltiples y creativas, ahora sí,
formas); le interesa la zanahoria ante los belfos del asno que tira de su carro
y no el restaño de las injustas fustas con las que le obsequia para que no
pare.
Un Occidente
roto, dividido territorial y conceptualmente, separado del ideal Renacentista
que recogió los frutos de los primeros sabios y transformaron una oscurantista
Edad Media en un vergel sin otro referente que el conocimiento de los
fundamentos éticos de Grecia y el Derecho Romano, con la rigidez de la Iglesia
emergente –conveniente para insuflar el miedo preciso que procura la obediencia
acrítica- es el más que seguro escenario para la nueva Edad Media que planean obsequiarnos los cada vez mas ciertos
“conspiradores” , sentados en sus blindados centros de omni-poder mundial.
La
respuesta, la única por el momento, es la resistencia al consumismo, la apuesta
por la gestión personal y la Sociedad Civil, frente a la servil estructura del
Estado cuyo modos y objetivos se dirigen en exclusiva a la coacción de la
libertad, en nombre de una concepción regulacionista sin mérito alguno, y de
consecuencias catastróficas para la sociedad a la que “dicen” sostener (cuando
lo que en realidad sostienen es a su propio, rancio e insaciable interés) y a
la que privaran de cuantos derechos, recursos y expresiones en libertad sean
precisos con tal de mantenerse en el privilegio.
Mal lo fío,
buen Sancho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario