lunes, 10 de octubre de 2022

 

CONTRACORRIENTE

 

Se necesitan, urgentemente, decisiones en Occidente.

No hay más margen para excusas: la próxima generación no va a disponer de opción válida para permitirse contemplaciones ante su inevitable batacazo cultural, en progreso; económico, casi consumado y de la cada vez más pisada y menos influyente presencia ética, moral y religiosa.

            La contemplación del escenario de la Historia, el real, no parece interesar a una buena parte de los nuevos imperiales, sumidos en una delirante deriva hacia lo intangible, al modo financiero más zafio, el que sólo mira la cara de la moneda, cada vez más virtual y especulativa, sin considerar la cruz y, sobre todo, la de ningún modo obviable consecuencia de la pérdida de identidad del Renacimiento.

            Si Occidente declina de su liderazgo cultural, de su mecenazgo artístico y de su fuerza, tanto en lo creativo como en lo ético, nos veremos abocados a la lucha sin cuartel , de nuevo, contra las turbas dirigidas por los habituales sin-escrúpulos de siempre; esos que destrozan cualquier cosa que signifique dignidad humana, libertad y desarrollo.

            Al tirano, cualquiera de ellos, le conviene más la obediencia que la crítica (a la que no sabe contestar si no es con violencia en sus múltiples y creativas, ahora sí, formas); le interesa la zanahoria ante los belfos del asno que tira de su carro y no el restaño de las injustas fustas con las que le obsequia para que no pare.

            Un Occidente roto, dividido territorial y conceptualmente, separado del ideal Renacentista que recogió los frutos de los primeros sabios y transformaron una oscurantista Edad Media en un vergel sin otro referente que el conocimiento de los fundamentos éticos de Grecia y el Derecho Romano, con la rigidez de la Iglesia emergente –conveniente para insuflar el miedo preciso que procura la obediencia acrítica- es el más que seguro escenario para la nueva Edad Media que  planean obsequiarnos los cada vez mas ciertos “conspiradores” , sentados en sus blindados centros de omni-poder  mundial.

            La respuesta, la única por el momento, es la resistencia al consumismo, la apuesta por la gestión personal y la Sociedad Civil, frente a la servil estructura del Estado cuyo modos y objetivos se dirigen en exclusiva a la coacción de la libertad, en nombre de una concepción regulacionista sin mérito alguno, y de consecuencias catastróficas para la sociedad a la que “dicen” sostener (cuando lo que en realidad sostienen es a su propio, rancio e insaciable interés) y a la que privaran de cuantos derechos, recursos y expresiones en libertad sean precisos con tal de mantenerse en el privilegio.

            Mal lo fío, buen Sancho.

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